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Hace ya tiempo que hablamos de la aplicación de las nuevas tecnologías a los proyectos arqueológicos subacuáticos, con el caso de la Mercedes y de la expedición que se había puesto en marcha para investigar y recuperar sus restos. Sin embargo, no solo en España se están desarrollando propuestas ambiciosas de puesta en valor y recuperación del patrimonio subacuático. Por ello, hoy hablaremos del caso de la fragata francesa Lune y de la aplicación de las más punteras herramientas tecnológicas que se están poniendo al servicio de la arqueología subacuática.

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Ocean One. Foto Teddy Seguiny Frederic Osada

Antes de nada, un poco de contexto histórico. La fragata Lune, uno de los buques insignia de la flota del Rey Sol, Luis XIV, se hundió en 1664 frente a las costas de Tolon después de una expedición contra los pirata berberiscos del sur del Mediterráneo. Puesta en cuarentena a causa de la amenaza de la peste, el buque no pudo resistir los daños que presentaba y se hundió con toda su tripulación en poco tiempo, llevándose cerca de mil muertes al fondo del mar. El daño que podía causar este hundimiento en el prestigio del país hizo que el naufragio fuese ocultado y olvidado por orden del rey. Hasta principio de los 90, cuando Paul Henri Nargeolet, uno de los arqueólogos franceses pioneros en arqueología a gran profundidad dio con el pecio.

El descubrimiento fue impresionante, pero la gran profundidad a la que se encontraba significó la imposibilidad de inmersión, pues la tecnología para este tipo de actuaciones todavía no se había desarrollado al punto en que nos encontramos en la actualidad. Por ello, es en estos momento cuando se ha impulsado la llamada Operación Lune. Esta se ha convertido en uno de los proyectos arqueológicos más ambiciosos e importantes dentro del panorama cultural, no solo por la importancia que tiene a nivel arqueológico, sino también por la aplicación de las tecnologías más innovadoras que se pueden encontrar en el panorama mundial actualmente y por la implicación de diferentes instituciones en su desarrollo. La agencia de arqueología subacuática de Francia ( la DRASSM), la Armada, técnicos en 3d, historiadores, empresas tecnológicas como Dassault Systèmes… han hecho causa común para que este proyecto salga adelante.

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Restos fragata Lune

Pero vayamos a las nuevas tecnologías que se han dispuesto para este proyecto. A mi parecer, podremos destacar dos de ellas: por una parte un robot humanoide que permitirá llegar a esas profundidades sin la necesidad de recurrir a un buzo, y por otro la implantación de planimetrías 3D, que supone impulsar una excavación en tres dimensiones.

Así pues, vayamos con el primero. El Ocean One, nombre con el que se conoce a esta joya de la tecnología, es el último artefacto que ha ideado Oussama Kalhib, el gran experto de la universidad estadounidense de Standford. Su principal labor es la de poder adentrarse hasta profundidades a las que los buzos no pueden acercarse a la vez poder llevar a cabo labores de extrema delicadeza en la excavación y análisis dentro del área del naufragio.

Si bien es cierto que la participación de este tipo de robots en las excavaciones subacuáticas se ha convertido en algo cuanto menos habitual, la aplicación de la tecnología 3D a este ámbito supone la mayor revolución para la arqueología subacuática de los últimos años. Michel L’Hour, director de la excavación de la Lune, ha llevado a cabo la creación de un mapa de excavación en 3D, lo que lo convierte en un simulador de excavación, como si de un videojuego se tratase. Con este sistema, se permite la recreación total del fondo con la situación exacta de cada uno de los elemento que conforman el naufragio. Esto permite a los investigadores adentrarse desde la superficie en los restos, generando situaciones y simulaciones de manipulación de objetos antes de sumergirse, lo que supone un entrenamiento básico antes de tocar in situ los restos y así no dañarlos. Del mismo modo, permite la creación de estrategias de intervención en el barco naufragado, de manera que se haga todavía más efectiva la inmersión.

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Ocean One en acción. Foto Teddy Seguin

Siguiendo en esta línea, la empresa Dassault Systèmes ha creado el Newsuit Simulator, que es un simulador de inmersión que permite a los técnicos que lo utilizan tener las mismas sensaciones que si llevasen un traje de buceo, es decir, simular en seco las sensaciones que se tendrían si se llevase el traje en el fondo del mar.

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Newsuit Simulator. Foto Teddy Seguin

La combinación de estos dos elementos, tanto la creación de mapas exactos en tres dimensiones como el simulador de inmersión, suponen un paso de gigante en la arqueología subacuática, donde el futuro tecnológico se pone al servicio de la recuperación y conservación del patrimonio cultural.

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