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Después de las vacaciones navideñas, volvemos a sumergirnos con nuestra fragata preferida, retomando el tema desde donde lo dejamos unas semanas antes. Si bien la entrada anterior hacía referencia al patrimonio monetario que se recuperó del fondo del mar, en esta entrada vamos a realizar una breve reseña de todo aquello que se extrajo y que no eran monedas. Y es que cuando hablamos de patrimonio subacuático y de pecios hundidos, la mayoría de las atenciones se ponen en aquellos bienes que a priori tienen un mayor valor monetario, lo que básicamente hace referencia a todo aquel material de oro y plata o metales preciosos que se recupera. Sin embargo, el excesivo focus en este aspecto nos hace perder la perspectiva de lo que supone un yacimiento subacuático y de la propia historia del barco que yace en el fondo del mar.

Todos podemos recrear mentalmente la imagen de una fragata que surca majestuosa el océano cargada de centenares de miles de monedas y materiales “caros”, casi como una imagen romántica evocada tantas veces por las películas. Pero si pensamos un poco más y ampliamos la perspectiva y el objeto de estudio, nos daremos cuenta de manera inmediata que un barco, al igual que cualquier lugar en el que conviven personas, se convierte rápidamente en un microcosmos. Y como tal, imperan en él todos aquellos materiales que se usan a lo largo de cualquier actividad humana. El caso que aquí nos trata no es menos.

 

Junto al tesoro que lleva la Mercedes, viajaban miles de objetos parte del barco y que servían a las labores cotidianas de la vida en alta mar, y a los que por supuesto y de manera injusta, se les da una atención y una importancia menor. Y es injusta no solo por el hecho de que la recuperación de este tipo de restos nos puede aportar una información clave sobre la vida en un barco, histórica, sino también porque la recuperación y conservación de estos restos suponen un desafío de magnitudes descomunales para las autoridades encargadas de getionar el patrimonio. Resulta fundamental, en este sentido, entender que toda la carga de un barco, en el momento de su hundimiento, pasa a ser un elemento histórico y patrimonial de primer orden.

En el caso que nos ocupa, el volumen de restos recuperados es bajo, ya que no más de sesenta objetos son los que se conservan en ARQUA. Y si bien es cierto que por volumen no se puede extraer una visión totalizante de la vida en un barco, si que nos permiten una

compas laton

Compas

aproximación más que real a la historia de la cotidianeidad marítima, a dar unas pinceladas sobre el contexto cultural e histórico en que la Mercedes surcó los mares. Así, podemos ver cubertería de plata y utensilios de cocina, gemelos y botones propios de la indumentaria de la época, restos de sacos y de frascos contenedores, compases e instrumental de navegación, además de clavos y restos de diversos materiales; en definitiva, ejemplos concretos de una época concreta. En esta dirección tenemos a nuestra disposición el catalogo con todos los bienes que se extrajeron de la fragata.

Viendo todo esto, no podemos concluir sino diciendo que debemos pensar siempre en una complementariedad entre los bienes “monetarios” recuperados, esos que siempre aparecen en las primeras portadas de los periódicos y que parecen ser los únicos con valor, y aquellos bienes que aún no siendo a primera vista tan valiosos, juegan un papel fundamental en la investigación histórica y artística. La visión en su conjunto de estos elementos es la que nos hará ver un tesoro de una importancia sin igual, como sucede con el de la Mercedes.

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